El design thinking es un tipo de planificación orientada a la creatividad, la innovación, el trabajo en equipo y la creación de prototipos, todos ellos elementos con los que ya he trabajado y que me apasionan. Todo empieza al unirte a un grupo de personas muy distintas a ti. Contar con personas de formaciones diversas, con vivencias propias y aportes de experiencias enriquecedoras es lo que alimenta el surgimiento de ideas ingeniosas desde lugares inesperados. Define el problema que quieres resolver y empieza a pensar fuera de la caja. Identifica las necesidades y las personas involucradas en ese problema. Todo esto puede hacerse solo con papel y lápiz para trazar los flujos. Mirando el problema, las personas involucradas y las actividades posibles en torno a él, empieza a generar ideas sin pensar en los límites técnicos, financieros o científicos. La mayoría de nosotros cree que enfocarse consiste en mirar un punto fijo a través de una lupa, pero la verdad es que muchas veces el mejor enfoque consiste en mirar todo lo que rodea ese punto.
Todo lo que está alrededor es una posibilidad. Imagen extraída del video “The Creative Zone”, de SoSonia, en el canal SoulPancake. ¡Cuantas más ideas y más personas participen en esta lluvia de ideas, mejor! Una vez que tengan las ideas, elijan juntos por votación las 3 mejores. Piensen en la viabilidad de cada una y en si realmente resolverá el problema. Cuando hayan elegido la mejor, pasen al prototipo, a la validación con el público y al perfeccionamiento. Crear estos modelos representativos permite demostrar cómo debería funcionar en la práctica un producto o servicio y validar hipótesis con los usuarios. Al crear esta demostración, el equipo aclara y depura sus ideas, en un intercambio continuo de las ideas creativas que surgieron en las etapas anteriores. Cuando miramos en los lugares correctos, el salto al vacío puede ser el primer paso para llegar a la luz. Y esa luz, la mayoría de las veces, es la innovación.
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