El libro / Branding / capítulo 45 de 60

Tus empleados son tus primeros promotores de marca

Adriano Meirinho · Marketing e Gestão Postos à Prova (2018) · 2 min de lectura

Al ser humano le gusta asociarse con marcas que reflejen sus valores, lo que cree sobre la vida y cómo le gustaría actuar en el mundo. Si tus empleados no piensan así sobre tu marca y no comprenden esta necesidad de involucrarse con ella, ya existe una falla en la empresa y en la venta. En la gran mayoría de los casos, esa falla no está en las acciones del empleado, sino en las del gerente que lo contrató, en la comunicación interna de la empresa o en la calidad de los productos. En este proceso, el empleado puede dañar la marca sin querer. Aunque todos intenten separarlos, la vida y el trabajo están más unidos que nunca en la era digital en la que vivimos.

Hay que valorar cuánto de la vida de tus empleados se relaciona con el trabajo. Su forma de pensar y cómo se muestran ante el mundo importan, y mucho, en la forma en que interactúan con tus servicios y en cómo se refleja la marca ante todos. Tus empleados son tus primeros promotores de marca. Son ellos quienes están más involucrados con tu producto, y eso significa que tienen que creer tanto como tú en lo que venden y en que ellos también representan a la marca y deben estar a la altura.

Las personas que más contacto tienen con el producto deben ser, ante todo, sus principales defensoras. El branding empieza ahí, por quien vende tu producto, y debe hacerse bien. Lo que tus empleados dicen sobre la marca y cómo actúan respecto a ella afecta directamente la percepción de los clientes. ¿Cómo transmitir los ideales de la empresa a tus primeros promotores de marca? Todo esto se construye con una comunicación interna coherente y una cultura organizacional que siga los valores de la marca y los transmita al ambiente de la empresa y a todos los que forman parte de él. En principio, contratar a personas que encajen con esos valores y con un perfil que las haga aún más activas es esencial. A partir de ahí, las actividades en equipo que valoren y reconozcan la identidad de la organización no son una pérdida de tiempo y valen la inversión. Con esos objetivos se pueden realizar eventos, reuniones, encuentros de debate, cursos y capacitaciones, siempre a partir del ideal que tu empresa quiere transmitir al mundo. Involucrar a todos los empleados en proyectos que reflejen esos valores, como el apoyo a una causa social, también es sumamente positivo.

Además, las actividades distintas que se alejan de la idea de trabajo ayudan mucho a desarrollar un ambiente más unido, consciente y vivo. Organizar una sesión de cine o un círculo de lectura, celebrar juntos una fecha y practicar algún ejercicio son ejemplos de acciones que ponen las ideas en movimiento y hacen que todos se conozcan mejor.

En este proceso, la individualidad de cada uno debe respetarse y fomentarse como forma de aportar aún más al ADN de la empresa y contribuir al desarrollo personal. Las mejores ideas surgen cuando las personas sienten que marcan la diferencia, que pertenecen a algo más grande y que se las escucha como partes iguales de ese todo. Y son esas ideas las que nos guían hacia el futuro.

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