Al trabajar en ventas, en cualquier tipo de negocio, aunque la gente lo olvide y convierta todo en procesos, la clave está en las personas. Vender es entender a las personas, hablar con las personas, convencer a las personas, crear una relación con las personas, y todo eso también lo hacen personas. Y lo que mejor funciona en ese sentido es usar las palabras correctas en el momento correcto.
El marketing de contenidos es la mejor forma encontrada hasta hoy para acercarse a las personas y comprenderlas, guiándolas hacia la solución de sus problemas y llevándolas a la compra de forma humana. ¡Pero solo cuando se hace bien! Datos de una investigación de Demand Metric indican que el 82% de los consumidores tiene una opinión más positiva sobre una empresa después de leer contenidos personalizados, el 70% de los consumidores siente una conexión más cercana como resultado del marketing de contenidos y el 72% de los consumidores cree que genera una relación con la marca como resultado del marketing de contenidos. Pero de nada sirve conocer todos estos datos si a la hora de producir se ignora el punto principal. El marketing de contenidos no se trata de publicaciones masivas, de solo saber hacer bien el SEO ni de lanzar infinitos datos de mercado como argumento. No se trata de seguir recetas ni de hacer lo que todo el mundo está haciendo. Se trata de crear una relación real. ¿Cuántas relaciones reales de tu vida creaste de la noche a la mañana con 2.000 caracteres? El contenido que distribuyes tiene que generar atención, interés y deseo, y llevar a acciones reales y a un compromiso sincero con tu marca. Y, en tiempos de un mercado saturado de contenidos superficiales, hay que saber que eso solo será posible cuando tengas un ADN bien definido, cuando sepas de qué hablas y para quién hablas, cuando logres transmitir en cada frase todo lo que representan tu marca, tu misión y tus valores. Sé más de aquello que las personas no necesariamente necesitan, pero echan de menos.
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