Hay muchas formas de llamar la atención. Puedes hacer ruido, argumentar bien, complicar las cosas, ser atractivo, hablar en cada oportunidad. Puedes exagerar, hacer drama, armar un escándalo, perjudicar a otros para abrirte paso. Puedes ser como el spam, gritar mucho, interrumpir todo el tiempo. Tu marca puede ser esa de la que nunca más queremos oír hablar.
O puede ser esa a la que echaríamos de menos si dejara de existir.
Ausencia vs. falta
La diferencia entre que noten tu ausencia y que te echen de menos es muy significativa. Si solo notan que ya no estás, probablemente todo seguirá funcionando con normalidad: otro negocio ocupa tu lugar rápidamente y la vida sigue sin daños. Cuando tu falta se siente, el efecto es más profundo: sacude los cimientos, cambia el ritmo y lleva tiempo recuperar el equilibrio.
Construir un negocio que tenga un impacto real en la vida de las personas se trata justamente de eso: entregar lo que los demás necesitan, incluso antes de que sepan que lo necesitan. Atacar de lleno sus problemas, ofrecer soluciones con aspectos que no existían antes, que nadie gestionaba a tu manera ni con tu cuidado.
¿Cómo lograr que te echen de menos?
Sin duda, llegar a ese punto cuesta trabajo. Un trabajo constante para contribuir a un propósito, ver la oportunidad y tener la paciencia de encontrar las mejores formas de aprovecharla. Por suerte: si fuera el camino más fácil, todo el mundo lo tomaría.
Es más que encontrar a quien te necesita y dar en el blanco del problema, más que encajar en el mercado, tener una buena evaluación de riesgos y una planificación estratégica sólida. Se trata de hacer las cosas con pasión, encontrar tu razón de ser, movilizar a las personas en torno a un mismo objetivo e invertir energía cada día en madurar ideas, en aprender, en el movimiento constante que acompaña a toda empresa. Es entrar al baile y tener la soltura para presentarte con fuerza, gracia, sabiduría, cuidado y atención.
Y porque vivimos en un mundo basado en la conexión y la confianza, porque construir un negocio tiene más que ver con trabajar ideas y emociones que músculos, porque nuestra reputación es todo lo que tenemos para ofrecer y porque el propósito es la parte más importante de actuar en el mundo, para nosotros y para los demás, este trabajo vale la pena.