
Ni siquiera a ti.
Es muy bonito ver cómo, a medida que se acerca el fin de año, todos los planes se van postergando. ¿Esa remodelación de la cocina que hay que terminar? Déjalo, el año que viene lo hago. ¿Ese proyecto que estaba a punto de despegar? Déjalo, el año que viene lo hago. ¿Ese viaje al lugar que siempre soñé conocer? Déjalo, el año que viene lo hago. ¿Organizar el trabajo y ponerse al día con los pendientes del mes? Déjalo, el año que viene lo hago.
Pero no, no es bonito, y en el fondo lo sabemos. Es muy fácil dejarse convencer por la lógica de los ciclos, por la idea de que, cuando se nos da la oportunidad de empezar de nuevo, todo será mucho más fácil, más fluido. Pero hacerlo hoy o hacerlo a principios de año no marcará tanta diferencia.
¿Tal vez a principios de año tus ansiedades de cierre de ciclo se calmen y tu enfoque sea más claro? Puede ser. Pero también puede que esas ansiedades solo aumenten con las oportunidades que traerá el próximo año y con el torbellino de cosas acumuladas en expectativas.
Hacerlo ahora, hacerlo para ayer, es mucho más importante y sano que caer en el “el año que viene lo hago”, créeme. Sí, faltan poquísimos días para el año nuevo. Sí, quizás realmente no alcance el tiempo para hacer todo lo que te gustaría este año. Pero ¿y si empezaras a organizarte ya? ¿Y si dieras esos primeros pasos de tu listita que solo requieren un poco de dedicación?
La lógica de velocidad de las startups también funciona muy bien para algunas decisiones cotidianas: actuar de una vez es más importante que planificar en exceso. Probar nuevas experiencias todo el tiempo solo te hace crecer, a diferencia de quedarte sentado pensando en ellas. “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” es uno de los clichés más ciertos que existen.